Coki en el Dixon 8 diciembre, 2006
Posted by Pato in Recitales.trackback
El tul fue la división entre el escenario y el público expectante que pobló el local de Suipacha y Güemes. Como siempre hubo un variable y buen tiempo de espera –sin banda soporte como en el último show–, hasta que, llegando a las dos de la mañana, el timbre áspero e inconfundible de Coki Debernadis interrumpió la previa para que comenzara un nuevo recital (publicitado “Attack”) de los Killer Burritos (KB) en la escena rosarina.
El espectáculo se pudo dividir en tres partes construidas por cada uno de los tres discos de los KB, y algunos destellos de Punto G. El tramo inicial estuvo dedicado a Mi parrillada, disco iniciativo de los Burritos que siempre encuentra su espacio en vivo. Así pasaron las cartas “fijas” de esa placa, como “Joselito” y “Yosequel”, pudiendo también apreciarse otros temas, quizá más infrecuentes en la playlist, como “No” y “Pinta un alma sobre mí”, hasta que llegó el inevitable flashback sobre Punto G y se escuchó una versión punk de “Duro Duro”, hit de la ex banda de Debernardi.
Uno de los puntos más interesantes –necesario de volver a contar en una nota–, es la capacidad que tiene Coki y su banda para reinventar, show tras show, los sonidos de sus canciones. Esta vez el arma de transformación fue un teclado y una laptop, agrandando la formación con la que se vienen presentando; es decir, Tito Barrera en batería, Eloy Quintana en bajo, y Julián Acuña, como siempre en guitarra y coros. Cuando uno va a verlos en vivo, es necesario asumir la idea de que es muy posible escuchar los temas en versiones distintas a los de algún recital anterior y a las de los discos. Distintas pero iguales, con el mismo alma. Como pasó aquella vez en el acústico del Café, en el Anfiteatro, y hasta en algunos pasajes en el breve show del Quilmes Rock.
Así fue que le llegó el turno a la segunda etapa, con las canciones de Un millón de dólares falsos, pudiéndose escuchar “La moneda”, “Un millón de dólares”, “Lua” –del rosarino Aloras– y una cálida versión instrumental de “Una casa sin puertas”.
Antes de la última parte subió a interpretar dos temas a guitarra y voz el músico Pablo Dacal, ex Burrito que actualmente transita otros caminos con su Orquesta de Salón. Si bien no tuvo una gran acogida en el público, fue escuchado respetuosamente por los presentes.
Ya sin el tul divisor, el repaso por Perdida fue como lo vienen haciendo desde aquella presentación en el Macro. Esto es, tocándolo de corrido casi sin pausas. Hubo grandes momentos de rock más crudo como en “Linyera” y “La tormenta”, donde se desató el pogo más revoltoso de la noche.
Para los bises quedaron algunos temas más viejos, de la época de Punto G, como “Cae lenta”, “Baila” y hasta revolvieron algunos cajones y sacaron “Tetrabrik”.
Músico de culto, secreto mejor guardado de Rosario. Repetidas definiciones de la prensa que aluden a la convocatoria (con más o menos gracia), pero que muchas veces se quedan cortas al tratarse de un músico que verdaderamente privilegia el valor de las obras y las ideas por sobre el ingreso al establishment rockero. Y así, con tiempo, nos brinda una discografía llena de grandes canciones.
asdasd